Desde que Isa tenía poco menos de 1 año quise llevarla al cine. Quería
y quiero que a ella también le guste el cine tanto como a mí. Sin embargo,
Claudia me decía que era muy pequeñita, que no lo disfrutaría. A pesar de mi
frustración sabía que tenía razón.
El tiempo ha pasado y ahora
que Isa ya tiene más de dos años ¡por fin pude llevarla al cine! y no por iniciativa mía sino
por la de la misma Isa. Cada vez que veía el trailer de "La Era de hielo
4" me decía: "Papi, vamos a ver esa película". Yo, ¡feliz! Así
que decidimos qué día iríamos al cine ella y yo.
Yo estaba un poco nervioso porque no sabía cómo reaccionaría ante
la gente, el lugar y la inmensa pantalla. Pero Isa me sorprendió mucho con su
tranquilidad, se portaba como si no fuera la primera vez que iba al cine.
Cuando llegamos comenzó a
mirar asombrada todos los banners de las otras películas que había. Yo también
me sorprendí, ¡no sabía que podía haber tantos niños para una función! Tuve que
cambiar mi chip mental de cinéfilo exigente a la de un niño despreocupado.
Mientras tanto le iba explicando a Isa el proceso que implica ir
al cine. Por ejemplo, hacer la cola y esperar nuestro turno hasta llegar al
cajero. Cuando llegamos a comprar las entradas me pidió que la cargara para ver
todo lo que hacía. Luego le expliqué que iríamos a comprar canchita y chicha
por si acaso nos daba hambre dentro de la sala de cine.
Siempre atenta, siempre curiosa, mirando a todos lados y a todos
los niños que por ahí corrían, hablaban, gritaban y hasta lloraban... bueno,
miraba todo.
Luego de tener nuestras entradas y nuestra canchita en la mano, le
dije que era hora de ir a la sala donde miraríamos la película, pero antes teníamos
que darle nuestros tickets al señor que los pedía.
Entramos a la sala y, por dos segundos, se quedó mirando la enorme
pantalla que allí estaba, como si fuera un gigante blanco que de pronto
cobraría vida. Luego con la mayor
naturalidad comenzamos a bajar las escaleras para buscar los asientos desde
donde miraríamos la película.
Opté por escoger los asientos de dos que están en los costados del
cine. Nos acomodamos. Isa no había visto
antes los asientos desplegables y le dio mucha curiosidad. Le expliqué que muy
pronto las luces se apagarían y que la pantalla blanca se encendería. Que no se
asustara. Me dijo: "ya".
Cuando las luces se apagaron y la pantalla cobró vida, Isabella
abrió más sus bellos ojazos y quedó fascinada. Yo solo atinaba a mirarla
totalmente enamorado.
La película comenzó y le expliqué que debería tratar de estar
calladita, pero que si tenía alguna pregunta me la hiciera sin levantar mucho
la voz. No tuve mucho éxito en esta última recomendación.
Ella miraba y se reía. Miraba y me preguntaba. Miraba y me
decía: "Papá, quiero canchita", "Papá, quiero chicha",
"Papá, ¡mira eso!" hasta que llegó el "Papá, ya quiero irme a mi
casa". Estábamos a mitad de la película, pero ella ya se había aburrido.
Me di cuenta porque comenzó a subir y bajar de su asiento, a tratar de caminar
por el pasillo, a mirar a los demás.
Bueno, ¡la misión se cumplió! Quedé más que satisfecho por la
experiencia y creo que ella lo disfrutó tanto como pudo. Solo me quedó preguntarle
que si estaba segura de querer irse: "Sí, papi, me quiero ir a mi
casita".
Le dije que se había portado muy bien y que estaba muy contento de
que le haya gustado. Quedamos en repetir la cita para otra película.











































