Isabella inició, esta semana, una nueva etapa. Desde el lunes y tres veces por semana (al menos por ahora) está yendo al nido. Nido de verano que le dicen.
Les confieso que me costó mucho trabajo aceptar la idea de que vaya. Sin embargo, terminé cediendo.
Claudia, que está de vacaciones, se ha encargado de llevarla y estar con ella en el proceso de adaptación.
Al parecer, ir al nido no es lo mismo que Isa vaya al parque y que interactúe con otros niños. Es más complicado ya que se debe quedar sola. Por lo que me cuenta Clau parece que a Isa le está resultando algo lenta esa adaptación. El domingo estaba emocionada por ir, no se separaba de su mochila ni de su lonchera.
El lunes no fue tan difícil aunque hubo un momento en el que se puso a llorar porque vio a Clau (las mamás pueden quedarse y ver).
Felizmente, las profesoras se encargaron de calmarla. Ayer miércoles sí fue complicado, parece que no estuvo de ánimos o estuvo nerviosa porque esta vez sí lloro mucho e incluso vomitó. Del nido llamaron a Clau quien la fue a recoger de inmediato. Solo con ver a su mamá a Isa le cambió el semblante y el ánimo.
Mañana viernes se volverá a intentar. Esperemos que la adaptación avance.
Me encanta que ahora cuando la llamo por teléfono o cuando llego a la casa me cuente las cosas que hizo o que le pasaron en el nido: "subí, tobogán", "momité, yo", "niño, agarró mi agua".
¡Ya les seguiré contando!


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