En este verano que ya pasó, nos propusimos con Claudia quitarle el pañal a Isa. Sin embargo, es un proceso complicado y, sobre todo, lento en
el que hay que tener muuucha paciencia.
Isabella aún no pide sentarse en su bacín. Pero, hemos aprendido a
calcular los momentos en los que lo necesita, de tal manera que ya puede pasar todo
un día sin mojarse siempre y cuando estemos pendientes.
Me di cuenta de que los niños que usan pañal no son realmente conscientes
de que lo ensucian hasta que nosotros, los
padres, decidimos que es el momento de que lo dejen y aprendan a pedir.
La primera vez que Isa se dio cuenta de que mojó su pantalón me miró y se puso a llorar. La calme y le explique lo qué
había sucedido. Luego, comencé a enseñarle como debía controlarlo. Bueno, explicarle
y que lo ponga en práctica son dos cosas muy distintas.
"¿Isabella, quieres hacer pis?" "No, papá, no quiero
hacer pis". "Ok" y a los 10 segundos, ¡zas! hay que cambiarle la
ropa.
No vale gritar, amenazar y mucho menos castigar porque se les
"escapó". Se supone que la idea es que ellos mismos se den cuenta de cuando
tienen "ganas".
Felicitarlos y alentarlos a repetir la hazaña cuando lo logran los hace
tener más confianza.
Isa está aprendiendo y nosotros estamos contentos de que esté
progresando.
Ahora, cuando termina, dice: "¡¡Ya papá, ya hiciií!! MIraaá!! :P
Pero todavía falta lo más difícil, ¡que
duerma sin pañal toda la noche sin mojarse! ¡Ay!

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